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Queridos amigos bienvenidos a este espacio de virtual para compartir experiencias, reflexiones, sueños y esperanzas.
La idea de éste espacio es que podamos tener acceso a diferentes experiencias relacionadas con la integración de las TICs a las prácticas pedagógicas.
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miércoles, 13 de noviembre de 2013
lunes, 11 de noviembre de 2013
Desde la Esperanza
Comparto este texto que les puede ayudar a mirar la vida con sentido.
Decisión
de cada uno
Jesús
no
se dedicó a hablar mucho de la vida eterna. No pretende engañar
a nadie haciendo descripciones fantasiosas de la vida más allá de
la muerte. Sin embargo, su vida entera despierta esperanza. Vive
aliviando el sufrimiento y liberando del miedo a la gente. Contagia
una confianza total en Dios. Su pasión es hacer la vida más humana
y dichosa para todos, tal como la quiere el Padre de todos.
Solo
cuando un grupo de saduceos se le acerca con la idea de ridiculizar
la fe en la resurrección, a Jesús le brota de su corazón creyente
la convicción que sostiene y alienta su vida entera: Dios
“no es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos son
vivos”.
Su
fe es sencilla. Es verdad que nosotros lloramos a nuestros seres
queridos porque, al morir, los hemos perdido aquí en la tierra,
pero Jesús
no puede ni imaginarse que a Dios se le vayan muriendo esos hijos
suyos a los que tanto ama.
No puede ser. Dios está compartiendo su vida con ellos porque los ha
acogido en su amor insondable.
El
rasgo más preocupante de nuestro tiempo es la crisis de esperanza.
Hemos perdido el horizonte de un Futuro último y las pequeñas
esperanzas de esta vida no terminan de consolarnos. Este vacío de
esperanza está generando en bastantes la pérdida de confianza en la
vida. Nada merece la pena. Es fácil entonces el nihilismo total.
Estos
tiempos de desesperanza, ¿no nos están pidiendo a todos, creyentes
y no creyentes, hacernos las preguntas más radicales que llevamos
dentro? Ese Dios del que muchos dudan, al que bastantes han
abandonado y por el que muchos siguen preguntando, ¿no será el
fundamento último en el que podemos apoyar nuestra confianza radical
en la vida? Al final de todos los caminos, en el fondo de todos
nuestros anhelos, en
el interior de nuestros interrogantes y luchas, ¿no estará Dios
como Misterio último de la salvación que andamos buscando?
La
fe se nos está quedando ahí, arrinconada en algún lugar de nuestro
interior, como algo poco importante, que no merece la pena cuidar ya
en estos tiempos.
¿Será así? Ciertamente no es fácil creer, y es difícil no creer.
Mientras tanto, el misterio último de la vida nos está pidiendo una
respuesta lúcida y responsable.
Esta
respuesta es decisión de cada uno. ¿Quiero borrar de mi vida toda
esperanza última más allá de la muerte como una falsa ilusión que
no nos ayuda a vivir? ¿Quiero
permanecer abierto al Misterio último de la existencia confiando
que ahí encontraremos la respuesta, la acogida y la plenitud que
andamos buscando ya desde ahora?
José
Antonio Pagola
10
de noviembre de 2013
32 Tiempo ordinario (C)
Lucas 20, 27-38
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